Unos Goya con un toque electrónico

Ayer se celebró en Sevilla la 33ª Gala de los Goya, donde entre tanto premiado, tuvimos un representante electrónico en el premio a mejor música original.


Jornada de resaca post Goya y como cada año las redes y las charlas de terraza se llenan de comentarios acerca de los vestidos, los peinados, las reacciones, los anfitriones y ya si eso, sobre las películas premiadas. “Campeones”, como no podía ser de otro modo, está en boca de todos, entre los galardones obtenidos y sobre todo los discursos correspondientes se ha ganado el corazón de media España. Entre otras obras, “El Reino” fue otro de los títulos que más premios se llevó, entre ellos a mejor Música Original.

En todas sus ediciones, la música tiene sus momentos de protagonismo y este año no iba a ser menos. Cantó Amaia y sobre todo, Rosalia puso la piel de gallina a toda la sala con su versión de “Me quedo Contigo”. Pero nosotros nos vamos a centrar en lo que más nos interesa y por eso ponemos el foco sobre Olivier Arson, ganador del Goya a Mejor Música Original, como decíamos antes, por la película “El Reino”. Grata sorpresa la nuestra cuando pusieron un fragmento de la pieza del compositor francés y esos sonidos, esa percusión y en líneas generales, la mezcla nos resulta altamente familiar. Y es que sí bajamos las luces, ponemos unos buenos altavoces y algún láser que otro mientras suena la composición podríamos estar hablando de cualquier club de techno. En pocas palabras, la música electrónica vuelve a estar de enhorabuena gracias a Olivier Arson, que sorprendió a todos con estas melodías. Además, la influencia electrónica es clara cuando cotilleamos su canal de You Tube y tiene playlist donde el Acid es un claro protagonitsa. Original es sin duda, pocas veces se escuchan cosas así en lo referente al cine y desde aquí nos quitamos el sombrero y animamos a que más compositores se sumen a la corriente.

- Guillermo Vidal

Un día sin música es un día perdido. Intentando trasladar mi pasión por los sonidos electrónicos a través de las palabras. A 150 BPMS la vida se ve diferente.
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